Procedentes de Alejandría, Flaubert y su amigo Maxime Du Camp emprenden en Beirut, ciudad de partida de esta segunda parte del Viaje a Oriente, un largo periplo que, del 19 de julio al 19 de diciembre de 1850, les llevará desde Líbano hasta El Pireo, pasando por Palestina, Siria, Asia Menor y Constantinopla.
Como en las páginas consagradas a Egipto, el texto de esta segunda etapa sigue siendo lacónico, telegráfico a veces, cercano al prontuario y deslumbrante por momentos. Paisajes, creencias, gentes, ritos y costumbres cosechados por un escritor que, entre entusiasmado y contenido, trata de captar imágenes susceptibles de acrisolar la experiencia de su viaje por Oriente.
Fotografías de Maxime Du Camp.
Balzac trabajaba catorce horas diarias en su gabinete. Siendo tan sedentario, no se sabe todavía de dónde sacaba tanta información del mundo de los negocios, de la política, de la ciencia, de los bajos fondos. Con su monumental Comedia humana quiso "hacerle la competencia al registro civil", según frase afortunada del propio Balzac, cuyo verdadero apellido era Balssa (los Balzac eran una familia aristocrática totalmente extinguida, por lo que nadie protestó el robo de aquel linaje).
Como se le ha asociado siempre con lo prolífico y con la pesadez de tantas páginas agotadoras, sorprende descubrir un Balzac shandy y lúdico en Cuentos droláticos (de drôle, divertidos), una especie de comedia humana en miniatura que comenzó a editarse en 1832. Hay en ella todo tipo de voces fusionadas y términos latinos, dialectales y burlescos, y abundancia de juegos de palabras que se adelantaron más de cien años al movimiento OuLiPo. Descatalogados hace tiempo estos Cuentos droláticos, la brillante y justamente premiada editorial Cabaret Voltaire recupera los textos con una introducción y formidable traducción de Lydia Vázquez y Juan Manuel Ibeas. Las ilustraciones son indiscutibles o, mejor dicho, parece que ya nadie quiere discutirlas: Gustave Doré, ¿clásico entre los clásicos? Para mí, demasiado pomposo.
http://www.elpais.com/articulo/portada/Cuentos/drolaticos/elpepuculbab/20110604elpbabpor_13/Tes
Del 27 de mayo al 13 de junio Cabaret Voltaire estará en la Feria del Libro de Madrid. Nos encontrarás en la caseta 156 junto con nuestros amigos de Melusina y Minúscula.
Agustín Gómez Arcos (1933-1998) era almeriense, de Enix, y murió en París, en un dúplex que tenía por Montmartre… Nacido en un ámbito humilde y republicano, sufrió la guerra y sobre todo la pobre, cerrada y clerical posguerra española, que se le hizo intorelable. Era dramaturgo (tras haber empezado como poeta) pero en el Madrid de los años 60 ni siquiera ganando el premio Lope de Vega lo estrenaban. La censura siempre. Como una voraz carlanca.
Desesperado de luchar contra un muro de cal viva, Agustín tomó la solución más drástica: autoexilarse de su país buscando libertad. Era en 1968 y le acompañaba el actor Antonio Duque, siempre leal amigo, que es quien ha conservado los cuadernos con sus poemas.
Fueron primero a Londres y luego a París. Agustín trabajó como camarero en varios cafés-teatro y empezó a redactar en francés ( poco a poco) las piezas cortas que se representaban en tales lugares pasados… Un día ( a fines de 1973) un conocido editor preguntó al camarero por el autor de la obrita: Soy yo. Hablaron y el editor -eran otros tiempos- le dio un adelanto para que convirtiera aquella idea alegórica de incesto y madre cruel en una novela.
Gómez Arcos se fue a Grecia -que era más barato- a escribirla y allí nació su primera novela en francés “L’agneau carnivore” (El cordero carnívoro) que se publicó, con gran éxito, en 1975. Así empieza la muy notable carrera de novelista francés de Agustín Gómez Arcos, que (pese a que se lo ofrecieron) nunca quiso nacionalizarse francés. Fue español y en sus últimos años -los de mi amistad con él- venía mucho a Madrid, tradujo al español alguna de sus novelas, y acaso hubiera retornado. No sé. Era tan español como la rabia. Y esa era la que le producía la rancia carcundia española, que utilizando un térmimo del periodista del modernismo, Luis Bonafoux, llamaba “clericanalla”. Decía que la extrema derecha francesa era menos derecha que la española, sin adjetivar. Sus novelas (faltan aún algunas por traducir) son lo mejor de su obra. Cuando hacia 1994 se estrenó su viejo teatro prohibido -”Los gatos”, por ejemplo- se había quedado lejos. Eran esperpentos chirriantes. Sin embargo su antigua “Poesía” (publicada ahora por Cabaret Voltaire de Barcelona, que también ha republicado alguna de sus novelas) nos ofrece el espléndido inicio de un escritor español. Dos poemarios de amor de 1956 ( el autor tenía 23 años) y unos cuantos poemas de 1972 máximo, políticos y sociales, contra aquella dictadura que tanto le dañó.
Los poemas de amor -ténue pero claramente homosexual, impublicables entonces- se siguen uno al otro y hablan de la pasión, el recuerdo, la vida y el desamor de quien probablemente fue un compañero de “mili”. Se titulan “Ocasión de paganismo” y “Pájaros de ausencia” y como dije son el estupendo inicio de un escritor joven que cita un bello verso de Juana de Ibarbourou: “Caronte, yo seré un escándalo en tu barca”. Así era Agustín, tan libre, tan huraño, tan tierno. Pero era 1956. Todo cerrado.
Hablé mucho con él en sus últimos años y como Blanco-White (su más próximo en heterodoxia y cambio) quería una España más moderna y laica. Pero nunca dejó de ser español. Ahora hallamos dos bellos libros de amor entonces prohibido, ¿cómo no enrrabietarse? “Cada cuerpo es un mundo/selvático y extenso (…) En tus brazos podré/ llorar humildemente./ Ya sé, amigo mío,/ que no me reñirás.”



