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Klaus Mann. En una carta de Thomas Mann a su hermano Heinrich, fechada el 20 de noviembre de 1905, le comunicaba a éste el nacimiento de su primer descendiente, confesándole al mismo tiempo que el hecho de que hubiera sido una niña le producía cierta desilusión, pues había deseado —y seguía haciéndolo— tener un hijo varón. Añade que no sabría precisar el porqué, pero que un hijo le parecía más poético, más una continuación de él mismo, como un empezar de nuevo bajo otros condicionamientos. Casi por las mismas fechas un año después, volvió a escribir otra carta, esta vez al escritor Kurt Martens, anunciándole, feliz, el «nacimiento de un muchachito bien formado» refiriéndose a su primer hijo varón, Klaus Heinrich Thomas Mann,
que nacía el 18 de noviembre de 1906 en Múnich, en la Franz-Joseph-Straβe, 2, quien, con su hermana Erika formaría la pareja de «gemelos» más unida, sin lugar a dudas, de las tres que conforman la descendencia de Katia Pringsheim y Thomas Mann, ya que desde sus primeros años hasta la muerte de Klaus Mann, el 21 de mayo de 1949, los dos hermanos mantuvieron una
estrecha relación. Como gemelos los vestían de pequeños y como los «gemelos Mann» se presentaron ellos mismos ante los medios de comunicación en el viaje que realizaron alrededor del mundo desde octubre de 1927 hasta junio de 1928, con estancias en los Estados Unidos, Hawai, Japón, Corea y la Unión Soviética. Klaus Mann vivió intensamente desde muy joven y, a pesar de que su muerte se produjo cuando contaba solamente cuarenta y tres años, tuvo una dilatada vida como literato. Ello es debido a que ya desde su niñez se sintió fascinado por lo que sería su gran pasión: la creación literaria. A esto contribuyó el ambiente familiar, ya que —aunque él mismo manifestó en distintas ocasiones que su madre era la que realmente se ocupaba de todo lo relacionado con las cuestiones del hogar, incluida la educación de los hijos, y que éstos no tenían fácil acceso al padre— su progenitor les permitió, desde muy pronto, estar presentes en las lecturas periódicas de la obra que estaba escribiendo en ese momento. A estas veladas literarias acudían también amigos del círculo de intelectuales que frecuentaban la casa, lo que favorecía la afición a la literatura, la música y las artes en general de los pequeños miembros de la familia de Thomas Mann. Klaus Mann demostró desde sus primeros años una gran fantasía y habilidad para inventar y narrar historias, y tan pronto como supo escribir, comenzó a materializar gráficamente sus fantasías: epopeyas, dramas, poesías… Para él no existía ninguna duda de que su vida futura estaría dedicada a la literatura, así como de que el número de sus obras sería tan importante que requeriría varios volúmenes para reunirlas. Con esta idea «in mente», el autor comenta al respecto cómo intitulaba sus escritos de forma que se preveía la continuación: «Uno de los primeros dramas se titula El buen hijo. Y en la primera plana dice: «Obras completas de Klaus Mann. Volumen I. Dramas. Dedicado a mi madre con el mayor cariño y admiración». La afición literaria —que también le indujo a llevar un diario a partir del otoño de 1918 hasta 1921 , diario que no se ha conservado, aunque sí los 6 volúmenes que cubren los años desde 1933 hasta el año de su muerte, 1949, y que contiene la última entrada hecha en Cannes antes de morir (20 mayo, 22 horas, Louis [Zanzi Bar])— la compartía con su afición al teatro. Con su hermana Erika y un grupo de amigos de la zona residencial de Múnich donde Thomas Mann se había hecho construir una hermosa mansión, representaban obras de teatro regularmente. Pero no eran solamente estas representaciones lo que divertían al joven grupo de amigos, sino frecuentes gamberradas juveniles que indujeron a Thomas Mann y a su esposa a enviar a ambos a escuelas experimentales rurales alejadas de Múnich: desde abril hasta septiembre de 1922 en la Bergschule Hochwaldhausen y a partir de septiembre hasta el verano de 1923, esta vez sin su hermana, en la famosa Odenwaldschule Oberhambach que causaría gran impacto en Klaus Mann, tanto por las experiencias allí vividas, como por la amistad y consejos de su director, Paul Geheeb.
En 1924 realiza una estancia en el Stift Neuburg, cerca de Heidelberg. Y en junio de ese año se promete con Pamela Wedekind. En 1925 deja Múnich y se traslada a Berlín, donde trabaja como crítico de teatro y funda un grupo teatral propio conjuntamente con su hermana, Erika, Pamela Wedekind y Gustav Gründgens, su futuro cuñado, quien llegaría a ser intendente general de teatro en Berlín durante el Tercer Reich y en quien está basado el personaje principal de una de sus obras más conocidas y polémicas, Mephisto. Ese año y a comienzos de 1926 se realiza por fin su deseo de ver publicadas sus primeras obras que giran en torno a la juventud y sus problemas: Vor dem Leben (1925) (relatos), Anja und Esther (1925) (teatro), Der fromme Tanz («La danza piadosa») (1926) (novela).
Con la subida al poder de los nacionalsocialistas, Klaus Mann abandona Alemania, exiliándose primero en Francia, residiendo en París y otras ciudades europeas, entre ellas Amsterdam, donde fundaría la primera revista literaria del exilio, Die Sammlung, que, bajo el patronato de André Gide, Aldous Huxley y Heinrich Mann, se publicaría hasta 1935 y en la cual colaborarían
la mayoría de los autores más importantes del momento. En 1936, año de la publicación de Mephisto, Klaus Mann deja Europa por los Estados Unidos, instalándose en Nueva York. Regresó a Europa en 1938 y tanto él como su hermana, trabajaron como corresponsales en nuestra guerra civil. Volvió de nuevo a Norteamérica y continuó escribiendo activamente, algunas de sus obras en colaboración con su hermana, al mismo tiempo que ambos realizaban una intensa labor propagandística en contra de Hitler y el Tercer Reich dando conferencias por todo el país, conferencias que escribía en alemán y traducía luego al inglés. A partir de 1942 empezó a escribir en inglés principalmente, incluso en sus diarios.
Posteriormente se alista en el ejército norteamericano, participando intensamente en las campañas del norte de África e Italia en tareas de propaganda y disuasión dirigidas a los soldados alemanes para que abandonaran la lucha. Como corresponsal del periódico del
ejército americano Stars and Stripes fue de los primeros exiliados en volver a pisar suelo germano cuando se acabó la guerra, en mayo de 1945 . Entra en Austria (en Insbruck, en la noche del 7 al 8 de mayo) y luego en Alemania; el día 9 en Rosenheim, y el 10 en Augsburgo, y en Múnich, donde, en el montón de ruinas en que se había convertido la hermosa ciudad, busca la casa en la que vivía con sus padres, que encuentra «prácticamente destrozada», según anota en su diario. La guerra, pues, se había terminado, pero para Klaus Mann, lo mismo que para una gran mayoría de los escritores que se habían exiliado, la muerte de Hitler y el derrumbe del Tercer Reich, el Reich que habría de durar 1000 años, no supuso la restauración de la Alemania que habían dejado en 1933 huyendo de las garras del nazismo y a la que deseaban ardientemente volver. El 28 de septiembre de 1945 dejó de pertenecer al ejército estadounidense y, exceptuando algunas cortas estancias en Estados Unidos, se estableció en Europa, trabajando en varios proyectos que no le aportaron ningún éxito. Dio conferencias, en inglés y en alemán, en varios países, sobre literatura americana del siglo XX, a muchos de cuyos autores había conocido personalmente. También hizo algunos viajes de corta duración a Norteamérica: en agosto de 1946 visitó a sus padres en Pacific Palisades, en California; en 1947 viajó a Nueva 21 York, donde regresó para pasar unos días en la primavera y el verano de 1948, antes de continuar el viaje a Santa Mónica y Pacific Palisades. Pero no encontraba el sosiego deseado. En julio de ese mismo año intentó suicidarse en California, hecho que tuvo gran repercusión en la prensa. Siguió intentándolo más tarde. Empieza para él un período de gran desasosiego. Viaja otra vez a Europa, a Amsterdam, pero, presa de una gran inquietud, vuelve a los Estados Unidos. En febrero y marzo de 1949 permanece con sus padres de nuevo en California para regresar a principios de mayo a Europa, a su querida Riviera francesa, en donde muere, como consecuencia de una sobredosis de somníferos, en la localidad de Cannes el 21 de mayo.
María Luz Blanco Camblor es licenciada en Filosofía y Letras y en Filología Germánica por la Universidad Central de Barcelona y Doctora en Filología Alemana por la Universidad de Valladolid, donde ha ejercido como Profesora titular. Su principal campo de investigación se centra en la Literatura Alemana del Exilio y, especialmente, en Klaus Mann, autor sobre el que versó su Tesis Doctoral, titulada Reflexiones en torno al género: coincidencias y divergencias en los escritos autobiográficos de Klaus Mann. Ha dirigido varias Tesis Doctorales y Memorias de Licenciatura sobre ambos temas y ha escrito numerosos artículos, entre los que se pueden citar «Hitler y la Alemania nazi vistos a través de los escritos autobiográficos de un exiliado de la “otra Alemania”», «Aus dem Tagebuch eines Drogengenießers. La presencia de la droga en los diarios de Klaus Mann», «”André Gide und die europäische Jugend”. La influencia de este escritor sobre autores de las primeras décadas del siglo XX, ejemplificada en el caso de Klaus Mann», «La experiencia vivencial autobiográfica en dos códigos lingüísticos: The Turning Point y Der Wendepunkt».
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La danza piadosa (Las aventuras de una juventud), publicada en 1926, cuando Klaus Mann tenía sólo 19 años, sondea el malestar de la juventud intelectual alemana tras la derrota de 1918 y el advenimiento de la República de Weimar. Andreas, joven pintor, frecuenta el Berlín decadente de los años veinte poblado de artistas, de night-clubs equívocos, de desenfrenos. Tras su publicación fue calificada de escandalosa por la crítica y convirtió a su autor en el enfant terrible de la época
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