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Honoré de Balzac
Cuentos droláticos

PRENSA

«Como se le ha asociado siempre con lo prolífico y con la pesadez de tantas páginas agotadoras, sorprende descubrir un Balzac shandy y lúdico en Cuentos droláticos (de drôle, divertidos), una especie de comedia humana en miniatura que comenzó a editarse en 1832. Hay en ella todo tipo de voces fusionadas y términos latinos, dialectales y burlescos, y abundancia de juegos de palabras que se adelantaron más de cien años al movimiento OuLiPo. Descatalogados hace tiempo estos Cuentos droláticos, la brillante y justamente premiada editorial Cabaret Voltaire recupera los textos con una introducción y formidable traducción de Lydia Vázquez y Juan Manuel Ibeas.» El País. Babelia/ Enrique Vila-Matas

«Fantásticos, sensuales y llenos de ironía. Así son los Cuentos droláticos de Honoré de Balzac (…) En ellos Balzac experimenta con estas formas y temas venidos de la tradición literaria, uniendo un fuerte componente de exotismo y emoción romántica a la visión burlesca y despiadada de la sociedad y especialmente de la iglesia (la obra está llena de clérigos mujeriegos, jugadores y corruptos) que es característica de tantas obras del Renacimiento.» ABC Cultural

 

ISBN 978-84-937643-7-1

PVP 39.95€

672 páginas

Cuentos droláticos

Los Cuentos droláticos publicados por Balzac entre 1832 y 1837, constituyen un proyecto insólito de escritura lúdica e imitación, cuya exuberancia y fantasía en el uso de un lenguaje inventado significó un escándalo para el mundo literario de la época.

En efecto, el multilenguaje de Balzac al estilo de Rabelais está compuesto de neologismos, palabras fusionadas, y términos latinos, dialectales y burlescos, sin olvidar los juegos de palabras. Todo, siguiendo una grafía y construcciones arcaizantes.

Pese a ser una de las obras menos difundidas de Balzac, resulta una de las más balzacianas. Cabe señalar el carácter circular de estos cuentos, es decir, las referencias cruzadas que se encuentran en ellos y que —en cierto modo— los presentan como un todo entrelazado y bien construido, una especie de Comedia humana a menor escala —si se tiene en cuenta que apenas dejó terminado un tercio del volumen que pretendía escribir.

En definitiva, los Cuentos droláticos quieren ser drôle —del francés, ‘divertido’—, es decir, provocar la alegría y risa del lector mediante un espíritu burlón y una pretendida inmoralidad, con el fin de, según Balzac, «aumentar la población».

Honoré de Balzac es considerado a menudo como el fundador de la novela moderna, y su preocupación por el realismo y el detallismo descriptivo se halla en la base de la posterior novela francesa —aunque su realismo convive siempre con elementos románticos y trazos del Balzac «visionario», tal como lo definió Baudelaire.

En 1814 se trasladó con su familia a París, donde estudió derecho y empezó a trabajar en un bufete, pero su afición a la literatura le movió a abandonar su carrera y escribir, en un inicio bajo seudónimo. Con El último chuan (1829), la primera novela que publicó con su apellido, obtuvo un gran éxito. A partir de entonces inició una febril actividad, escribiendo entre otras novelas La fisiología del matrimonio (1829) y La piel de zapa (1831), con las que empezó a consolidar su prestigio. La amistad con la duquesa de Abrantes le abrió las puertas de los salones de sociedad y literarios.

En 1834, tras la publicación de La búsqueda de lo absoluto, concibió la idea de configurar una sociedad ficticia haciendo aparecer los mismos personajes en distintos relatos, lo que empezó a dar a su obra un sentido unitario. En los últimos años de su vida fue presidente de la «Société des Gens de Lettres» (desde 1839) e intervino en numerosos asuntos públicos como director de la «Revue Parisienne», al tiempo que sufría el acoso de sus acreedores.

En 1841 se inició la publicación de sus voluminosas obras completas bajo el título de La comedia humana, aunque de las 137 novelas que debían integrarla, cincuenta quedaron incompletas.

Pintor e ilustrador francés. Fue uno de los más fecundos e influyentes dibujantes de la segunda mitad del siglo XIX. A los quince años, presentó sus dibujos, de gran calidad, a Philipon, quien hizo que colaborara en el Journal pour Rire, y publicó su primer álbum de litografías sobre Los Trabajos de Hércules. Sus exuberantes fantasías constituyeron una importante fuente de inspiración para los pintores románticos, quienes compartían la atracción por el mundo onírico que él representaba. En 1847 se trasladó a París, y entre 1848 y 1851 publicó semanalmente caricaturas en el Journal pour Rire, así como diversos álbumes de litografías.

Debe su fama, sobre todo, a sus xilografías destinadas a la ilustración de más de noventa libros, entre los que se encuentran las Oeuvres de Rabelais (1854), Los cuentos droláticos, de Balzac (1855), el Infierno de Dante (1861), o Las aventuras del barón de Münchhausen (1866). La mayor parte de las grandes ilustraciones de Rabelais son grabados interpretativos; él indicaba sobre la madera o a la aguada la composición principal y los principales valores. Luego, hábiles especialistas como Pannemaker, Gusman y Pisan se encargaban de terminar la obra. Experimentó con la pintura, representando escenas de carácter histórico o religioso, y con la escultura, pero, aunque obtuvo cierto reconocimiento, sus creaciones en estos medios nunca alcanzaron la vivacidad de sus ilustraciones.

 

TRADUCCIÓN

Lydia Vázquez Jiménez, Juan Manuel Ibeas Altamira